domingo, 27 de mayo de 2012

A CAL Y CANTO


He decidido cerrar el corazón a cal y canto. Cualquier cartel que los años hayan puesto en él, será quitado o quedará en el olvido. Ni se vende, ni se alquila, ni traspaso, este corazón que siempre estuvo y está, que va conmigo.

Tan sólo será un músculo que late, una fuente de donde mana la vida, pero ya no albergará otra cosa que la sangre que va y viene por mis venas.

Tantas veces le he puesto en peligro y abrí de par en par sus puertas, dejando que se colara la lluvia a veces de promesas, a veces de esperanzas baldías, dejando que el invierno le helara con la nieve del adiós inoportuno.

Tantas veces le hice saltar de gozo y la locura le exprimió con todas sus fuerzas, o le expuse a las miradas de extraños que encontré en mi camino. Tantas veces le doblé para entregarlo como regalo de algún aniversario, que ya no tiene protección ninguna, se le fue la capa de cordura que protegía sus paredes y ahora el engaño, el dolor, el desgaste con el paso de los años, están logrando empañar su antigua belleza y la inocencia va perdiendo su brillo.

A cal y canto, a buen recaudo, ni siquiera una rendija que deje entrar el sol de primavera, o la lluvia en las tormentas de verano, ni la nieve de tristes despedidas, pero tampoco entrará la alegre canción del amor nuevo o el brillo de una ilusión recién llegada. Aquellos sueños que aún están por cumplir o los deseos que albergaba hasta ahora, se quedarán ahí, esperando que algún día caduquen y desaparezcan. Toda moneda tiene una cara y una cruz y hay que elegir cuál nos hace más felices o, al menos, cuál nos hace menos daño.

Cerraré el corazón a cal y canto, y trataré de llevarlo escondido, para que no le rocen las miradas, ni las palabras, ni el aroma de las flores, ni el color del cielo en las puestas de sol. Protegiendo con mis manos y mi cuerpo ese trozo de mí repleto de vivencias, que ahora disfrutará su retiro, una cura de olvido, de silencio, adiós a la odiada lejanía, a la cruel ausencia, a todas las cobardías que arañaron sus paredes. A cal y canto, queda mi corazón a la espera de que llegue la cabeza hasta su altura.

miércoles, 23 de mayo de 2012

QUESO PARA TODOS



Me pregunto por qué los sindicatos se movilizan justamente ahora que vamos de culo y cuesta arriba, como suele decirse. Pasean banderines, camisetas de colores, pancartas, etc..todo lo cual,  por lo visto,  quieren amortizar sacando a la calle día sí, día también.

Todo eso es muy respetable, no digo yo lo contrario, pero a mí estas salidas y reivindicaciones,  no pueden dejar de parecerme ahora fuera de lugar.

Es como si, cuando un barco se estuviera hundiendo y,  todos los pasajeros estuviéramos con el agua al cuello, las ratas se amotinaran masivamente pidiendo queso de bola porque el de Gruyére tiene demasiados agujeros. Pido que, por favor,  este ejemplo se lo tomen como lo que es, solamente un ejemplo, no es mi intención llamar ratas a los que asisten a las manifestaciones, pero sí, desde luego, a los Sindicatos.

Hemos estado creyendo durante años que la bodega del barco estaba llena de queso, que podíamos derrochar no solamente ese queso, sino el que ni siquiera teníamos, incluso gastamos de manera absurda e inconsecuente en frivolidades y delicatessen sólo al alcance de los barcos más lujosos, nos sentíamos los reyes del Mambo.

A  toda esa locura colectiva, contribuyó, sin duda,  la palabra de ánimo,  optimista, confiada y exultante de triunfalismo de la antigua tripulación del barco, encabezada por su capitán que, emulando al flautista de Hamelin, hipnotizaba a todos con la flauta de sus palabras,  enarbolando con alegría la bandera de la modernidad y el progreso ( iniciales ZP rampantes sobre fondo rojo),  exhibiendo fotografías de los quesos más hermosos, hologramas apetecibles que bautizaba con nombres rimbombantes, como la denominación de origen “Alianza de las Civilizaciones”;  haciendo márketing eficaz y continuo de la Igualdad, rayando en lo cómico su obstinación en este apartado (o apartada),  y otras,  que no voy a enumerar y que luego,  tristemente, hemos podido comprobar que sólo existían en su imaginación o que únicamente han contribuido a abrir viejas heridas o confundir al personal con promesas incumplidas.

Hemos creído que todo ese queso ¡que  no veíamos!, era además,  lo mejor de lo mejor, hasta que ya, imposible de ocultar la realidad  con esperanzas vanas y, aún peor, falsas,  la embestida feroz del gran tsunami de la crisis,  nos ha hecho abrir los ojos de repente, despertar de ese sueño inducido en el que estábamos,  y nos hemos dado de bruces con la realidad, y ésta consiste en que todo lo que tenemos son unos quesitos en porciones que  ni son las maravillas que siempre nos dijeron que teníamos, ni son de  El Caserío (ojalá).

Hay mucho que cambiar en este país para que las cosas nos vayan medianamente bien, tanto en Educación, pilar fundamental y que debería ser el caballo de batalla de esta sociedad, como en Sanidad, en Comunicaciones, etc...mucho por hacer, ¿quién lo duda?.

Pero, amigos, cuando el barco se hunde y es vital que nos mantengamos a flote, no podemos ser tan mezquinos de aprovechar la coyuntura para reivindicar, como decía al principio, unos derechos,  privilegios, mejoras etc.. que hemos dejado dormir, relegadas, mientras comíamos todos del queso, y soñábamos con lo que aún teníamos en la bodega.

Ahora no es el momento, ahora lo que hace falta es que todos, y cuando digo todos, quiero decir desde el primero hasta el último, desde el político hasta el empleado, desde el autónomo hasta el funcionario, desde el más joven hasta el más viejo, todos, en la medida de las posibilidades de cada uno,  unamos nuestro esfuerzo y podamos achicar el agua que anega este barco.  Ahora la tripulación es otra, tenemos otro capitán, aún no sabemos si ellos nos sacarán a flote o terminarán por hundirnos del todo, pero lo que sí sabemos es que hay que ponerse manos a la obra urgentemente en lo que ya he dicho, achicar el agua, unir fuerzas. Tengo fe en que algún día, hasta las ratas tendrán su queso de bola, pero lo más importante es sobrevivir y que haya queso para todos.

lunes, 23 de abril de 2012

SIEMPRE ABRIL

Siempre Abril,  Abril y tú...y  yo bañada por la lluvia de tus besos. Ya se sabe: “En abril,  besos de lluvia,  mil”.  

En ese fondo de armario de la memoria, cuando llega este tiempo, siempre me visto con aquél abril primero que  mató las soledades y abrió ventanas al mundo, aquél que iba dibujando en las paredes corazones y en los  papeles alas  que luego yo  recortaba y prendía en mi espalda, para ensayar vuelo tras vuelo.  Aquellas  primaveras que se iban y venían y dejaban tras de sí la caricia del naranjo en gotas blancas de azahar y un latir apresurado del corazón que encendía el rubor en mis mejillas  y secaba la garganta.

Añorado Abril, dulce deleite de las horas plenas,  hasta que un día,  ¡ay! la memoria,  que es  una mala vecina y aprovecha las ausencias  para meternos bajo el felpudo todos esos recuerdos que queremos olvidar,  abre las cartas de ayer con pensamientos afilados, rasgando  las palabras hasta hacerlas sangrar y trae frente a tu puerta fantasmas del pasado vestidos de domingo para que el susto no sea tan grande, luego les quita la careta a manotazos y se quedan indefensos a merced de nuestro perdón. ¡Si yo fuera tan mala como mi memoria ¡mala!...

¡Mala! esta memoria mía, mi mala memoria ¡mala!,  vecina mala de arriba, que deja los grifos abiertos para que se desborde el sentimiento e inunde las paredes del alma,  hasta que salen goteras difíciles de tapar, calando los huesos de melancolía en las noches largas y frías, frías…aunque sea Abril y sea primavera, si el alma se inunda, a veces, se hiela y no hay calor humano, ni fuego de hoguera, ni palabra buena, ni mirada tierna, ni el son de otras canciones, ni otros abriles nuevos, que quiten el hielo que deja la ausencia.

Siempre Abril, Abril y tú…y yo escuchando una canción que  despierta los sentidos  a golpe de nota y letra, tan conocida y tan mía,  ¡tan nuestra!.

¡Qué empeño el mío! en guardar los viejos calendarios con las hojas arrancadas, con los días ya tachados y aquellas notas festivas de  las cosas importantes con la tinta desvaída,  de citas, de cumpleaños, de idas y venidas…¡qué empeño en recuperar todas las hojas de Abril!, si ya ni es Abril, ni es mío, ni de nadie, que se ha ido, ni está vivo, ni está muerto. Abril, el definitivo, ya no es un vestido nuevo, ahora es un mes perdido.





lunes, 9 de abril de 2012

REFLEXIONES CON SABOR A MAR




Siempre que llego a este rincón del mundo y me alejo del paisaje cotidiano, siempre que huelo el salitre y veo el azul del mar, siempre que mis ojos vuelan queriendo escudriñar más allá del horizonte; En el punto donde se funden mar y cielo en un beso intenso, perfecto, intemporal; siempre, indefectiblemente, tengo la sensación de que los sentimientos que traigo conmigo, sean los que sean, llegan aquí desposeídos de toda capa y ornamento inútil, en toda su realidad, en la majestuosidad, sencillez o crudeza de los mismos, bueno o malo, aquí lo que uno siente, viene envuelto en su propia desnudez, es decir, tal y como es.

Me asombra cada vez que sucede este milagro, porque no por esperado y conocido, deja de sorprenderme esta capacidad de la mente de “limpiar” y ofrecerme en toda su esencia, cada sentimiento que oprime o libera mi corazón. Con qué claridad puedo contemplar las pequeñas y grandes cosas, tan sólo con salir un poco de la espiral que nos agobia, con escapar de esa montaña de cosas inútiles y vacías con las que nos cargamos; Fardos de absurdos problemas, nimiedades que son como espinas diminutas que llenan de pequeños agujeros nuestra alma, dejando escapar por ellos las cosas que realmente son buenas, las que nos hacen bien.

Hemos perdido nuestra capacidad natural para reconocer lo que queremos de verdad, lo que necesitamos realmente y necesita nuestro corazón. Hemos llegado a un punto en el que nuestros pensamientos, nuestros sueños y deseos, se pierden en un maremagnum de impulsos y deseos “controlados y teledirigidos”, un totum revolutum en el que nos sumergen los medios de comunicación, parece como si debiéramos querer, creer, soñar, perseguir, pensar y amar....aquello que se ajuste a los parámetros que otros marcan, a lo que está de moda, o a lo que es conveniente incluso para “ciertas edades”. ¿Qué saben los demás lo que nosotros queremos y soñamos?.

 El tema del amor, por ejemplo, es algo que cada uno gestiona y maneja como quiere, puede o le dejan, pero no creo que haya dos personas que se enamoren de la misma manera y vivan ese amor igual. 

 A este respecto, una amiga mía opina, con muy buen criterio, que enamorarse después de los cuarenta años puede despertar una adolescencia que creíamos lejana y hacernos experimentar las mismas sensaciones y cometer idénticas tonterías que cuando teníamos quince años, en contra de todo pronóstico y de lo que se podría esperar de seres adultos y con un historial repleto de hechos “serios” en su vida, una vida que muchos pudieran pensar "hecha".

Como prueba irrefutable de esto que os digo, mi amiga me ha contado su última experiencia, que no tiene desperdicio: se ha matriculado en un curso al que acude dos veces por semana, y está como loca, exultante de alegría, con una belleza especial que le sale de lo más hondo del alma, y que, lógicamente, no es por el bagaje extra de cultura que pueda aportarle el curso mencionado, sino porque cree que le hace tilín a un compañero.

¿Cómo ha llegado a esa conclusión? ¿porque se lo ha dicho él, se lo ha insinuado invitándola a comer, al cine, a su casa? ¡NO! Sería demasiado obvio, ha sido de otro modo más sutil y al mismo tiempo mucho más divertido y estimulante: se sienta en el mismo pupitre, salen juntos del aula y, a veces, toman un café, él, que va en bicicleta a clase, acompaña andando a mi amiga, llevando la bicicleta rodando al lado, mientras charlan animosamente. No cabe la menor duda de que está viviendo los mismos sentimientos y sensaciones que vivió en la adolescencia, es más, yo añadiría en la más profunda adolescencia.

Para algunos, este cortejo en el que los gestos, las palabras, las miradas, el lenguaje corporal, etc. toman tanta importancia y juega un papel protagonista, quizás pudiera parecerles una inútil pérdida de tiempo a ciertas edades.


Para otros, este despliegue de sutilidades, tiovivo de sensaciones que altera los nervios y desboca el corazón, es, sin lugar a dudas, un revivir sentimientos perdidos o, quizás, experimentarlos por primera vez de ese modo; Puede ser, incluso, la manera más perfecta, delicada, serena, de acercarse dos seres, antes extraños, y ahora, unidos por ese revoloteo de mariposas dentro dos almas que se encuentran.

Claramente, cada persona vive el amor a su manera, y la vida, y el miedo, y la amistad, y el odio, y el rencor, y la aventura, y.....etc. No hay fórmulas mágicas, de ningún tipo, para intentar capturar la felicidad, pero sí que podemos perseguirla sabiendo lo que queremos, lo que soñamos, sin dejarnos atrapar en los “parámetros”, “conveniencias”, “barreras”, y todo aquello que no sólo encorseta el corazón sino que lo agujerea con minúsculas espinas. Nadie tiene que decirnos lo que tenemos que querer y mucho menos, soñar.

A lo mejor, algún día, dejamos de preguntarnos qué es lo que esperan los demás de nosotros, para empezar a cuestionarnos si lo que hacemos es verdaderamente, no sólo lo que queremos, sino lo que esperamos de nosotros mismos para que nuestra vida tome un sentido. Decía Rainer Maria Rilke: “Querido amigo: ¿usted no ve como todo lo que sucede es siempre un comienzo? ¡Y comenzar, en sí, es siempre tan hermoso! Deje que la vida le acontezca. Créame: la vida tiene razón en todos los casos.”

sábado, 17 de marzo de 2012

LA CRISPACIÓN



Tengo una amiga, lectora y seguidora de mi blog, que me anima siempre a escribir y a no dejar pasar tanto tiempo entre una entrada y otra, lo cual le agradezco pero, obviamente, no cumplo, muy a mi pesar; A esta amiga no le gusta nada cuando escribo sobre “política”. dice que le gusto más cuando lo hago sobre sentimientos, y reconozco que no es la única, pero yo creo que la política lo inunda todo, tiene unos largos tentáculos que llegan a todos los rincones de nuestra vida, nos influye y condiciona de tal manera nuestra existencia que puede trastocar, y de hecho lo hace, los sentimientos. 

Por eso hoy, después de publicar la presente entrada, la llamaré por teléfono para decirle que no se equivoque, que aunque parezca que hablo de política, en realidad no es así, porque de lo que quiero hablar en esta entrada, es de puros sentimientos. Estaréis de acuerdo conmigo en que la crispación es un sentimiento que últimamente la mayoría de nosotros experimentamos muy a menudo.

Seguro que esa palabra ha sonado y suena sin parar en vuestros oídos en los últimos tiempos. La crispación se extiende como la pólvora y va haciendo mella en nosotros. Sólo hace falta echar un vistazo a nuestro alrededor, poner un poco de atención a lo que se comenta, encender el televisor, abrir un periódico o mantener abiertos ojos y oídos para poder sentirla. No se ve, ni se toca, pero se huele, se hace notar.

La crispación nos acompaña como una sombra pegada a nuestros talones y nos hace saltar a la mínima de cambio, en cuanto se nombran determinadas cosas: paro, sindicatos, huelga, copago, impuestos, y una serie de innombrables que tienen la facultad de destapar pequeñas cajas de Pandora que, al parecer, y aunque a algunos les haya cogido por sorpresa, todos tenemos en nuestro interior.


En medio de una crisis a la que, por cierto, empiezo a pensar que ese nombre le queda tan sumamente pequeño que parece un cruel eufemismo, nos dedicamos a malgastar energías en exasperarnos con el gobierno actual, con el anterior, con el jefe en el trabajo, con los compañeros, con el vecino, con el tendero, con el conductor del autobús, con el de al lado, con los amigos, etc..Estamos divididos, continuamente cabreados y enemistados con todo aquél que no piense como nosotros, pagamos nuestra irritación con los que tenemos más cerca y nos hemos vuelto tan suspicaces que tenemos la confianza completamente minada.

Un panorama desolador, aunque nadie pueda decir que no tengamos razón, es más, si no nos comportáramos de ese modo quizás no seríamos nosotros, genuinos españoles, ya sabéis, aquello de la sangre caliente que nos sirve para justificar, en cierto modo, la visceralidad de nuestras acciones.

A pesar de todo, personalmente he comprobado que después de enzarzarme en discusiones apasionadas defendiendo mi postura, de despotricar contra lo que no creo justo, poner verdes o justificar a los políticos, renegar de sus decisiones o apoyar otras con determinación, etc... después de haber malgastado mi tiempo en irritarme, enfadarme y crisparme hasta la extenuación, lo que he conseguido es: NADA.

No existe la menor posibilidad de que los criterios de los demás cambien sólo por el hecho de que yo defienda otros, por muy argumentados que estén, del mismo modo que yo tampoco lo haría. Pero lo que cada vez tengo más claro es que la crispación nunca nos llevará tan lejos como la solidaridad en arrimar el hombro para salir de esto, una solidaridad de TODOS, incluidos los mismos políticos objeto de nuestras críticas y motivo de la crispación.

Mi amiga estará contenta porque esta entrada está plagada de sentimientos, de todo aquéllo que alberga el corazón y nos hace vibrar, que puede herirnos o nos alegra, nos enfada o nos sorprende,  nos entristece o hace que nos sintamos eufóricos, nos machaca o nos  asfixia  como la crispación.





martes, 14 de febrero de 2012

ESTE SAN VALENTÍN...



Este San Valentín habrá besos sin estrenar y caricias enlatadas, recuerdos gastados y un nombre en la memoria que duele al pronunciarlo.

El corazón bailará con fantasmas del pasado, al son de una vieja canción, tarareada sin límites.

Vendrán a la retina paisajes lejanos y el eco de palabras, antes hermosas, que se han quedado vacías.

Las manos se enlazarán a un viento invisible y frío, y en un invierno distinto, dibujarán contornos de las figuras amadas.

Quedarán las palabras en el filo de los labios, congeladas en el tiempo.

El sonido de unos pasos caminando al unísono se irá haciendo cada día, ruido blanco en la rutina.

Y habrá en la piel otro aroma sobre las antiguas huellas de los besos que nos dimos, caducarán sin remedio, todos los “te quiero” dichos.

Aquél amor obsoleto, macerado en el olvido, hará un intento imposible por aferrarse a la vida, pero irá amarilleando en un rincón escondido, como las fotografías de los instantes vividos.

Mas, aunque otros amores hagan noche en tu morada o se queden a vivir para siempre en ese albergue del alma intercambiador de afectos, siempre existirá un espacio, como homenaje sincero a los amores pasados, porque mientras existieron hicieron vibrar el alma, llenaron nuestros silencios, fueron parte de nosotros e impregnaron nuestro tiempo del aroma indescriptible que dejan siempre los sueños.

domingo, 29 de enero de 2012

EL ¡CLICK!


En algún preciso instante de nuestra vida, algo hace ¡click! dentro de nosotros, un sonido desconocido hasta ese momento, como un subir de persianas, un correr de cortinas, un abrir de ventanas, todo al mismo tiempo. Un ¡click! de interruptor de pared predecesor de la luz; de esos que al sonar te dan la seguridad de que todo se verá bañado por la claridad y se iluminará hasta el último rincón de la estancia donde estemos.

En algún preciso instante de nuestra vida, si no hemos oído ese ¡click! dentro de nosotros, deberíamos pararnos a escuchar, por si lo oímos, rodearnos de silencio y huir del ruido del exterior, que ni siquiera el vuelo de una idea nos interrumpa, ni la brisa del pasado, ni la voz del presente ni los pasos del futuro acercándose. Si hemos de movernos por el tiempo para encontrar ese click, lo haremos de puntillas como haría la Pávlova interpretando la muerte del cisne, con un “pas de bourrée”, deslizándonos suavemente como si fuéramos plumas por los paisajes, con o sin figuras, de nuestro caminar, tratando de estar alerta por si ese click se quedó colgado en algún sueño imposible, en algún recuerdo especial, y no suena a su debido tiempo.

Tras oír ese click, será el momento de hacer una pausa, detener nuestros pasos y contemplar lo andado, todo aquello que los acontecimientos han ido pintando en el lienzo personal de nuestra vida. Y miraremos, como se miran los cuadros, un paso atrás, tomando perspectiva. Quizás haya quien ladee la cabeza, quien guiñe uno u otro ojo, quien dé más de un paso atrás para ver mejor y captar ese lienzo en su totalidad, en toda su dimensión.

Porque es alejándonos del cuadro como apreciamos las luces y las sombras, los colores, las formas, y el conjunto de la obra. Mientras estamos sumidos en los acontecimientos, solamente vemos las pinceladas, apenas distinguimos los colores, ni somos capaces de descubrir la grandiosidad o la pequeñez de lo plasmado.

¡Cuántas veces, tras esa pausa, he visto de distinta manera las cosas a como las vi en su momento! ¿No os ha pasado que mucho de lo vivido, contemplado desde la perspectiva del tiempo, pierde o gana fuerza, brillo, importancia?. La mayoría de nuestros sentimientos son relativizados por el tiempo y, aunque haya algunos que permanezcan inalterables, lo que hicimos y vivimos auspiciados por ellos, se ve de otro modo ladeando la cabeza, guiñando un ojo o, sencillamente, alejándonos unos pasos.

Si no escuchamos el click nunca, deberíamos inventar ese instante.




jueves, 5 de enero de 2012

NOCHE DE REYES MAGOS


Quien pudiera volver a los siete años siendo la noche de Reyes, cerrar los ojos y aparecer en aquella Cabalgata que aún hoy vive en mi recuerdo con los colores alegres y el mismo brillo estelar que se grabaron en mi retina ya para el resto de mis días. Gritar con la misma fuerza con que grité a Baltasar, sentado en el gigantesco elefante plateado, desde donde agitaba su mano enfundada en el guante blanco, tan blanco como sus dientes en medio de aquella cara de chocolate, que hoy sé de falsa negritud y entonces tan real me parecía.

Quién pudiera levantar los ojos y ver a Blancanieves y a las hadas, y al príncipe sonriente en su caballo, y a los pajes y piratas, y a Campanilla volando bajo un cielo iluminado por fuegos de artificio. Quién pudiera tener los ojos abiertos de par en par y la completa seguridad de encontrarse en el paraíso inigualable de un mundo fantástico y distinto que, tan sólo una vez al año, abre sus puertas para todos los corazones infantiles que por ser quienes son, son los únicos que pueden verlo de esa manera que lo ven.

Quién pudiera poner hoy los zapatos con aquella misma ilusión y aquellos nervios, esperando todo... y más, de la magia de los Reyes; quién pudiera esperar y creer en que, tal vez, milagrosamente, llegará lo esperado.

Quién pudiera sentir el corazón palpitar apresurado y no ser capaz de dormir cuando uno quiere pronto y deprisa, aunque apriete los párpados fuertemente para que pase el tiempo y lleguen a casa aquéllas figuras mágicas. Guardando la secreta ilusión de ver de refilón la capa, la silueta, la mano enguantada de alguno de ellos, oler su perfume, sentir su calor.

Sí, volvería, mil veces, volvería, porque hoy sé que toda esa ilusión, toda la magia, todo lo vivido en aquellos años de infancia que hoy recuerdo como la mejor y más pura época de mi vida, fue construida año tras año gracias a la sencilla y silenciosa labor de los verdaderos Reyes, mis padres. Los sueños eran míos y mía la fantasía. La fe y la espera, dulce espera de mi corazón de niña, formaban parte de mí, pero quienes modelaban el barro de la realidad y le daban la forma de lo soñado, eran ellos, la varita mágica eran ellos, la estrella fugaz eran ellos, la mano que colocaba suavemente el juguete junto a los zapatos, siempre era la suya ...y suya era la sombra, la silueta, el perfume, el beso cálido y el susurro en la madrugada de cada cinco de enero.

Lo comprendí el día en que fui madre y acepté con ello la misión de ser un instrumento al servicio de la imaginación, acepté ser la mano que colocara los deseos en el balcón, la que quitara el envoltorio al polvorón y diera un mordisco a la realidad para convertirla en sueño. Y es ahora cuando he comprendido quienes eran los verdaderos Reyes Magos y es ahora cuando he visto por primera vez, lo que escondían los zapatos y no fui capaz de encontrar cuando era niña, porque Dios lo guarda, y nos lo hace ver en el momento en que nos convertimos nosotros mismos en los Reyes y en Magos, y es que el amor no tiene forma, ni ocupa, ni pesa, ni huele, ni tiene sabor....es como la estrella fugaz que nos guía...o debería guiarnos.


Felices Reyes Magos, amigos.

sábado, 31 de diciembre de 2011

FELIZ AÑO NUEVO


¡Qué poco falta ya!, este año 2011 da sus últimos coletazos, cansado, viejo, gastado. Todo lo que ha dado de sí ya está hecho, la tela que había que cortar está cortada, para bien o para mal, sólo quedan unas horas para que nos diga adiós.

¡Ay! Cuántas cosas hemos vivido en cada uno de sus días, 365 razones para salir corriendo, para gritar, para vivir, para amar, para olvidar; 365 razones para desear que se vaya de una puñetera vez, o, tal vez, 365 razones para llorar su marcha. Es lo que tienen los años, que no para todos son iguales, y hay quien gozó de manera especial y quien derramó lágrimas, quien perdió su trabajo, quien tuvo que cambiar el rumbo de su vida, quien marchó lejos o quien llegó de otras tierras, quien se enamoró perdidamente, y quien perdió para siempre su amor. Porque la vida no es una fórmula matemática y ni siquiera se reparten equitativamente los momentos alegres o tristes o el gozo y el sufrimiento para que a todos toque un poco de cada.

Desde esta fina frontera que separa el año que acaba y el que empieza, tratando de hacer un resumen de los días que se van, me doy cuenta que siempre prevalecen y tienen brillo especial aquéllos en los que la familia, nuestros seres queridos, son protagonistas, porque todo lo referente a los que queremos es lo que nos pellizca el corazón, lo que nos alegra y lo que nos duele, lo que impulsa nuestros latidos y lo que da color a nuestra vida.

Al final, siempre, si queremos hacer memoria de cada día de este año, recordamos todo aquello que afecta, toca o incluso roza a nuestra familia, porque de ella tomamos la fuerza, en ella crecemos y vivimos.

Si tuviera que formular un deseo para el año nuevo, no podría desear nada que no comenzara con lo mejor para mi familia, mis hijos, mis padres, los que forman parte de ese círculo mágico construído día a día con amor, y por supuesto para los que sin ser familia, nos profesan y a los que profesamos el cariño como si lo fueran.

En realidad, formularía tres deseos, uno ya lo he dicho: lo mejor para mi familia, otro: la salud. Ambos, curiosamente, no son cosas que se puedan comprar con dinero. Ayuda, desde luego, tener las necesidades cubiertas, no tener preocupaciones económicas, por eso dejaré el tercer deseo para que no nos falte nunca la comida ni el techo. Pero, sobre todo, que no nos falte tampoco la fe, sin ella no somos nada.

Feliz año nuevo, amigos, y que se cumplan vuestros deseos, aunque recordad lo que decía Voltaire: Sólo es inmensamente rico aquel que sabe limitar sus deseos.




miércoles, 7 de diciembre de 2011

IMAGINACIÓN CONTRA LA CRISIS

La imaginación al poder

Probablemente las frases que más hemos escuchado últimamente sean las relativas a la situación crítica en la que se encuentra nuestra economía, frases, con toda seguridad, negativas, agoreras, sentenciadoras, frases, en resumen, pesimistas en cuanto al futuro que nos espera.

Sería de tontos negar que eso es cierto, pintar de color rosa el momento en el que nos encontramos, cuando todo apunta a que esas frases son un reflejo de la realidad que vivimos y que, lamentablemente, viviremos aún por mucho tiempo.

Pero yo me pregunto si podemos cambiar eso y reconvertirlo de modo que esas frases, sin hacer que nos alejemos o cerremos los ojos a la realidad, en lugar de quitarnos la esperanza, en lugar de hundir las ilusiones, se revistan de un poder distinto y logren el efecto contrario, es decir, que esas palabras actúen como revulsivo, como motor de nuestra voluntad para querer y creer que su poder depende tan sólo del significado que nosotros les demos.

Estamos asistiendo a una metamorfosis de la sociedad, algo está cambiando, y para adaptarnos a ese cambio, lo primero que tenemos que modificar es nuestra mentalidad. Los patrones de siempre ya no valen, algunos conceptos han caído en picado, aquello que nos decían nuestros mayores y que sirvió durante mucho tiempo para elegir estudios, profesiones, etc, e inclinarnos por las que tradicionalmente tenían más “futuro” o por lo que era un trabajo “seguro”, ahora no se ajusta en absoluto a la realidad, y vemos como gente con profesiones “de futuro y seguras”, también han pasado a engrosar las listas del paro. Tendremos que cambiar la mentalidad en el ocio, en la alimentación, en los viajes...etc..

Cambiando en eso tenemos ya mucho ganado, acordémonos del poder de la mente. Pero esos cambios en nuestra manera de vivir y pensar no pueden hacerse así como así, no podemos engañar a la mente que, por otra parte, está siendo bombardeada desde todos los flancos con la realidad, de la cual no debemos apartarnos. Entonces ¿qué podemos hacer?, ¿qué podemos poner en el lugar de las antiguas ideas, de los viejos conceptos?, ¡ pondremos imaginación!.

La imaginación ha tomado un protagonismo inusitado en los últimos tiempos, dicen que cuando la necesidad aprieta es cuando se agudiza ésta, surgen las grandes ideas y las soluciones para muchos problemas. ¿Será la imaginación la salvadora de esta crisis? No creo que la imaginación por sí sola pueda acabar con esto, tendrá que ir unida a acciones, a hechos, pero sí que ayudará ¡y bastante!.

Quizás éste sea un buen momento para dar protagonismo a otras cosas en nuestra vida, esas pequeñas cosas, cotidianas, sencillas, que quedaron relegadas por otras más brillantes y grandiosas, quizás es el momento para dejar de perseguir oropeles y dar sentido y valor a lo que tenemos.

Hemos estado durante mucho tiempo viviendo en paraísos artificiales, acostumbrados a alcanzar casi todo sólo con estirar la mano, nada nos era inalcanzable...o casi nada, y ahora, de repente, ese paisaje se nos ha convertido a la luz de la verdad como un decorado de cartón piedra. Nos tendremos que acostumbrar a él. Hay cosas que no podemos disfrazar, están ahí, si no hay dinero no hay dinero, pero si, además de la escasez material, nuestro espíritu se hunde y no es capaz de gestionar lo que nos ha tocado vivir, ni siquiera la imaginación nos ayudará a salvarnos.